10. marzo 2026
El Rabo en Sevilla 2023
Historia, Emoción y Silencio Taurino
En la historia de La Maestranza, pocas tardes han quedado tan inscritas en el imaginario colectivo como aquella del 26 de abril de 2023, cuando Morante de la Puebla logró cortar un rabo en la Feria de Abril, algo que no ocurría en Sevilla desde hacía 52 años. Fue una faena tan rotunda como única, un acontecimiento que aún hoy se recuerda con emoción, pero que, paradójicamente, él mismo confiesa no poder evocar con claridad.

El triunfo que la memoria no retiene
Morante, el cigarrero sevillano de La Puebla del Río, selló aquella tarde una de las páginas más brillantes de su carrera. Frente al toro "Ligerito"de la ganadería de Domingo Hernández, alcanzó dos orejas y el rabo —los máximos trofeos posibles— en un ritual de arte y temple que mereció la ovación unánime del público. El último torero a pie que paseó ese galardón en la Maestranza fue Ruiz Miguel en 1971, y desde entonces nadie había repetido tal hazaña.
La faena fue celebrada no solo por la técnica, sino por la estética que Morante imprimió a cada lance. Fue una mezcla de dominio y emoción que elevó la tauromaquia a un nivel casi poético. No era solo la ejecución mecánica de pases precisos: se sentía la presencia del torero, el ritmo de su capote, la profundidad del natural y la manera en que administraba distancia y bravura. Todo ello convirtió la tarde en algo inolvidable para aficionados y críticos

Sin embargo, hay un matiz profundo en esta historia: Morante ha reconocido que apenas recuerda esa tarde con nitidez. El propio diestro ha hablado abiertamente sobre su lucha con un trastorno disociativo, una condición mental que ha influido en su carrera y en su relación con la memoria de sus momentos más significativos. Dijo sentirse desconectado de aquello que para muchos es una cumbre artística, como si su propia mente no le permitiera 'ver' plenamente lo que su cuerpo y su arte habían logrado
Este contraste —una proeza histórica por un lado, y una memoria fragmentada por otro— alimenta un relato emocional tan profundo como complejo. Para el público, la imagen de Morante saliendo por la Puerta del Príncipe con el rabo al viento es un símbolo de triunfo sobre sí mismo y sobre los cánones de la tauromaquia moderna. Para él, puede ser un fragmento de una existencia que también ha conocido sombras, silencios y batallas internas.
En la comunidad taurina, aquel rabo sevillano de 2023 se sigue recordando como un hito cultural. Fue comentado, revivido en tertulias y transmitido como anécdota de generaciones. Un triunfo que no solo representa la excelencia del artista en la arena, sino también la complejidad humana detrás del gesto.
La inspiración para Morantier’s
Para Morantier’s, esa tarde encarna precisamente lo que entendemos por belleza imperfecta: una mezcla de arte, emoción, logro y vulnerabilidad. En la tauromaquia —como en la vida— lo que más perdura no es siempre lo que se recuerda con nitidez, sino lo que se **siente** en el silencio que sigue al aplauso.
Morante lo logró.
El arte no se explica.
Se espera..
